Del drama personal a la impersonalidad humanizada.
La llegada de un paciente a psicoterapia constituye la puesta en palabras de su “drama personal”. Drama en el que se intersectan lo que ha recibido como herencia, sus vivencias infantiles y lo que ha hecho propio a lo largo de su vida. La materia con la que ha de trabajar el terapeuta serán las expresiones de esa personalidad a partir de que la persona pueda sumergirse en las profundidades del alma para conocerse a sí mismo.
El Trastorno Lìmite de la Personalidad (TLP) presenta una prevalencia de entre el 1% y 2% de la población general habiéndose también demostrado como el trastorno de personalidad mas frecuente, ya que entre el 30% y el 60% de los pacientes lo padecen. Sin embargo, consideramos que una visión totalizadora de la persona que parta desde lo espiritual como eje ordenador, tiene mucho que aportar en ayuda a estos pacientes.
Para muchos médicos el considerar la influencia de las emociones en los procesos corporales aún sigue siendo folclore; sin embargo, en la Antigüedad, un médico llamado Hipócrates (470-360 aC.) pensaba que la salud era consecuencia de haber alcanzado un estado de armonía en uno mismo y con el ambiente y que cualquier cosa que afectase la mente también afectaría al cuerpo. La Logoterapia de Viktor Frankl rescata esta unidad en la multiplicidad que es lo humano para comprender al que padece de una manera integral.
La vida es una ocasión para aprender. Y la infancia el momento más propicio para hacerlo. Así como inculcamos hábitos físicos y emocionales en ellos, el potenciar el despliegue de su espiritualidad es una tarea que la familia debe saber cómo acompañar.
La reflexión acerca de las virtudes humanas integradas al campo de la Psicología y de la psicoterapia en particular, viene siendo uno de los temas que me ocupa, ya que lo considero medular para la evolución de la conciencia humana en un mundo que les da la espalda. Viktor Frankl en su “Manifiesto de 1927” sostiene que es indispensable que en toda logoterapia se haga visible la visión de la vida y del mundo que tienen nuestros pacientes.